martes, 24 de diciembre de 2013

¡LAS LOCURAS DE SU AMOR!


Querido Samuel:
¡Muchas gracias por compartir conmigo la alegría y la esperanza de la Navidad!
Compartamos también el reto de dirigirnos juntos al encuentro de Aquél que viene buscando posada en todos los corazones que estén dispuestos a recibirle.
No cesa ni se cansa de ofrecer a todos la calidez de su amor misericordioso.
Viene, una y otra vez,  a nuestro encuentro despojado de todo, pues nos trae tan sólo lo único que verdaderamente necesitamos que es a Él mismo, sus torrentes de gracia, de ternura y de amistad.
Él está aguardando a que "nos liemos la manta" y sin pensarlo más participemos de las locuras de su amor.Así, sin reservas ni prejuicios, con el alma desnuda y con la sola prenda de la confianza ilimitada en su fidelidad que es infinita y eterna.
Llegue desde aquí, tu agradecimiento y el mío, a la gloria de su amor que resplandece y se nos manifiesta en su humanidad asumida, para hacer realidad el milagro de ser Emmanuel -Dios con nosotros-, Dios y Hombre con todos los hombres y para todos los hombres.
Llegue desde aquí, tu deseo y el mío, hasta todos los lugares de esta tierra para que los hombres y mujeres de buena voluntad lleguen a experimentar en lo más íntimo de sus corazones la suavidad de la paz, fruto del saberse amados y queridos, acogidos y comprendidos, salvados y redimidos por el Príncipe de la Paz.
Cor unum et ánima una.
Tu amigo que te quiere.
Jonatán

jueves, 19 de diciembre de 2013

HOY ERES MÁS BIENAVENTURADO



Mi querido Samuel:
"Humildad es andar en verdad", escribía la Santa Madre Teresa de Jesús.
Este es su pensamiento y su enseñanza:
“Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsome delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en Verdad”. “Y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad”.
No importan, pues, los juicios humanos. No somos más buenos porque nos alaben, ni somos más malos porque nos vituperen. Realmente somos  tan sólo lo que somos delante de Dios. Y por mucho que nos ensalcen o nos denigren los demás, por más que nos vanagloriemos o nos infravaloremos falsamente a nosotros mismos, nada cambia de lo que realmente somos.
Para andar en verdad y en humildad no hay más camino que ponerse delante de Dios, dejarse iluminar por su luz, dejarse envolver por su misericordia infinita y verse uno a sí mismo con la mirada misma de Dios, con los mismos ojos con que Dios nos mira y nos ve.
Piensa siempre que los juicios de los hombres son insustanciales y no pocas  veces equivocados, interesados, superficiales y faltos de rigor y verdad.
Naturalmente, por nuestra honda amistad, sufro contigo el dolor que te produce el haber sido víctima de la mentira y de la injusticia con la que te han agraviado. Tu dolor es también el mío, porque "la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas". Y si gozo y me alegro cuando compartimos los triunfos y alegrías, infinitamente más me alegro del honor que es para mí el poder compartir tus sufrimientos. Porque, “los amigos falsos son como las sombras: sólo nos siguen cuando brilla el sol”, y “el infortunio muestra a aquellos que no son realmente amigos”.
¡Las grandes lecciones se aprenden en el libro del sufrimiento!, queridísimo Samuel. Una de ellas es que “sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez”. Y yo me tomo el atrevimiento de corregir a Pío Baroja, pues no me parece que sólo los tontos tienen muchas amistades, sino que creen tenerlas, cuando la realidad es que “los amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados”. Los tesoros no son fáciles de encontrar,  ni se encuentran frecuentemente. Y es bajo el surco de las dificultades y las derrotas que se descubre al amigo verdadero, porque  “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
Por un lado, me apena profundamente que hayas tenido que probar el sabor amargo de la mentira y padecer la acidez de la injusticia. Me duele más profundamente por tu juventud y porque eres hombre de corazón honesto y leal.
Por otro lado, aunque parezca contradictorio, no dejo de experimentar cierta alegría, porque conociendo tu “raza” y tu “casta”, estoy firmemente persuadido que tú eres del número de esos pocos privilegiados que saben enfrentarse a las mayores dificultades y a los retos más difíciles para crecer sobremanera.
¡Saldrás crecido y acrisolado! ¡Te levantarás henchido de fortaleza para plantar cara a todo tipo de mentira y de injusticia! ¡Crecerás enormemente en sensibilidad hacia el sufrimiento del prójimo que pueda vivir abatido por la maledicencia, por la mentira y por las injusticias causadas por los hombres de corazón perverso y malvado!
Estoy firmemente convencido, querido Samuel, que esta experiencia de dolor será un hito importante en tu vida. Una ocasión para abrir todavía más tus ojos y tener una mirada aún más penetrante, que te ayudará a no dejarte engañar por las falsas apariencias, ni embaucar por la doblez. Pisarás la vida, amigo mío, con paso más firme y seguro, para esquivar las cloacas de mentira e injusticia que como trampas mortales se esconden a cada paso de nuestra vida.
No existe un mundo idílico, ni paradisíaco. Junto al trigo, crece también la cizaña. Hay mucho bien y mucha bondad a nuestro alrededor, pero también actúa con fuerza el mal con todas sus caras. Y sólo tenemos una manera de combatir la maldad, que es ahogándola a fuerza de bien. Tenemos la certeza, y no sólo la esperanza, de que el bien es más fuerte que el mal, aun cuando  el primero fuese minoritario y jugase en desventaja.
Los hombres de corazón turbio podrán ganar batallas, pero jamás serán los vencedores de la batalla final.
Como hombre de fe probada, que sé que eres, me siento muy orgulloso de tu amistad y muy conmovido por el ejemplo que me has dado, al saber que desde el primer momento has acudido a los pies del Crucificado y has unido la amargura de tu sufrimiento a los suyos. ¿Quién sino Él sabrá de traiciones, mentiras, difamaciones e injusticias?
Estoy seguro, Samuel, que desde el primer momento Él te habrá hecho sentir un poco más bienaventurado. Guarda en tu corazón la dulce alegría de su amistad y la esperanza en sus promesas.
Cor unum et ánima una. Tu amigo que te quiere.
Jonatán

lunes, 9 de diciembre de 2013

SER TRANSPARENTE




Muy querido Samuel:
Quiere ser este pequeño vídeo un homenaje sincero y sentido a tu corazón transparente y sin repliegues.
¡No abunda la transparencia!, como no abundan tampoco tristemente la humildad, la limpieza de corazón, la honestidad y la fidelidad a toda costa.
Alguna vez te he dicho, mi queridísimo amigo, que tú eres un mirlo blanco. Precisamente, por la gran bondad de tu corazón, por tu sentido de lealtad hacia tus amigos, por tu sensibilidad ante el sufrimiento y el dolor ajeno, por tu capacidad de ternura.
Es un preciado tesoro, este de encontrar tanta grandeza en medio de tanta mediocridad. Es un regalo de Dios el ser agraciado por un corazón noble como el tuyo en medio de tanta vileza.
¡Dios te ha hecho grande! Muy, muy grande...
Gracias por estar aquí y por permitirme gozar de la transparencia de tu alma.
Cor unum et ánima una.Tu amigo que te quiere.
Jonatán

miércoles, 23 de octubre de 2013

EL BAILE DE LA VIDA


Mi querido Samuel:
Te traigo nuevamente a la memoria esta presentación ofrecida por nuestra común "amiga", la que tanto nos quiere y a la que tanto queremos. Presentación con la que sin duda los tres hemos gozado inmensamente.
Necesitamos con cierta frecuencia dejar que la música acaricie nuestra alma con esa celestial dulzura y particular ternura con que sólo ella sabe hacerlo. 
Quizás la música sea lo más parecido a la voz de Dios y por eso cuando penetra nuestra alma nos "diviniza" y nos suscita añoranzas y deseos de unión con Dios.
Ya hemos hablado los dos de la imperiosa necesidad que tenemos de abrir espacios en nuestra vida a todo lo que es bello para que nuestro corazón arda en deseos de alcanzar a contemplar sin fin  la Hermosura Soberana, Aquella, que "mil gracias derramando pasó por estos Sotos con presura,e, yéndolos mirando,con sola su figura vestidos los dejó de su hermosura".
Pidamos la gracia de esta visión, sin la cual pasaremos por este mundo como ciegos que creen ver, pero que sin embargo no conocen más que la oscuridad y el mundo de las sombras.
Música, belleza y hermosura anidan en el corazón mismo de la Caridad -el Amor-.
El baile de la vida sólo se transforma en la más bella danza cuando es animado por la melodía de la caridad. Sólo es hermoso cuando impulsa nuestro cuerpo y nuestra alma hacia lo alto. Sólo es divino cuando pisa la tierra para tomar impulso y lanzarse hacia el cielo.
La vida nos es regalada cada día para ser cantada y bailada, siendo el amor el que transfigure cada uno de nuestros pasos y movimientos haciéndolos sublimes, verdaderamente humanos y divinos.
No nos conformemos con menos.
Cor unum et ánima una. Tu amigo que te quiere.
Jonatán

martes, 15 de octubre de 2013

PARA CONOCERSE UNO A SÍ MISMO


Querido Samuel:
γνῶθι σεαυτόν, "Conócete a ti mismo", tal era el aforismo que estaba inscrito  en el pronaos del templo de Apolo en Delfos.
Hoy deseo compartir contigo que esta ardua tarea de conocerse uno a sí mismo se me antoja una meta cotidiana que ha de renovarse día tras día. Es como una obligación ineludible si no queremos renunciar a nuestra propia dignidad humana.
¡Cuán equivocados están todos aquellos que desprecian la filosofía como tarea inútil y estéril! 
Sabes bien como fácilmente uno se encuentra con el desprecio de aquellos que han renunciado al cultivo de la amistad con la sabiduría, que en eso consiste precisamente la filosofía.
Para los de mente materialista y corazón espeso la filosofía "no da de comer". Olvidan, sin embargo, que "no sólo de pan vive el hombre", y que una existencia plenamente humana no se alcanza únicamente llenando el estómago y satisfaciendo el apetito de los sentidos.
¿Por qué habríamos de conformarnos con saciarnos tan sólo del forraje de las algarrobas cuando están a nuestro alcance tantos manjares aptos para el deleite de nuestro espíritu?
El consumo masivo y exclusivo  de algarrobas que podemos constatar en nuestros días, metafóricamente hablando, nos está indicando hasta que punto tan alarmante se extiende la miseria espiritual y el imperio del "pensamiento débil".
Aceptar el reto de conocerse uno a sí mismo implica la valentía de no renunciar a los dolores del parto a sabiendas de que tras el doloroso alumbramiento sobreviene el gozo de la vida.
Hay que estar dispuestos a sufrir los estertores y sufrimientos que comportan  el parto de la sabiduría y de la verdad que anidan en nuestro espíritu para gozar de la calidez y del brillo de su luz.
¿No te parece que renunciar a ello es renunciar a nuestra más preciada posibilidad, precisamente la que nos define como seres espirituales, racionales y por lo tanto humanos?
Nuestra vida puede transformarse en un alumbramiento cotidiano de verdad y de sabiduría; en un parto doloroso, pero festivo y vivificante, de luz y nueva vida.
Es magnífica la concepción que Sócrates tenía de la filosofía. La observación de su propia madre, que ejercía de comadrona, le sirvió para ejemplarizar la misión del filósofo que consiste en ayudar a los otros a dilatar la mente y el espíritu para parir la sabiduría y la verdad que se gestan dentro de nosotros mismos.
Ese mismo proceso, querido amigo, podemos descubrirlo en la historia de la humanidad donde las sucesivas generaciones van incrementando el patrimonio de sabiduría y alumbrando nuevos trechos de conocimiento y verdad.
Somos herederos de un patrimonio inmenso que nos han legado la multitud de pensadores, de filósofos, de científicos, de teólogos,de hombres y mujeres que a lo largo de los siglos se han empeñado en la búsqueda nobilísima de la auténtica sabiduría, del bien y de la verdad; patrimonio  que no debiéramos ni ignorar ni despilfarrar, convirtiéndonos de ese modo en herederos indignos de tan valioso legado.
Estoy firmemente persuadido, querido Samuel, que para disponerse a ese "parto" con garantías de éxito es del todo imprescindible el presupuesto de la HUMILDAD. La soberbia  intelectual, la arrogancia espiritual terminan por abortar la sabiduría, el bien y la verdad.
Hemos de construir sobre lo que ya está edificado y bien cimentado. Hemos de ir edificando piso sobre piso para que el edificio vaya creciendo en altura. Somos eslabones de una cadena que se van engarzando los unos en los otros.
Si cada generación cae en la arrogancia de partir siempre de cero, despreciando los desvelos y los logros alcanzados con esfuerzo y tesón por los que le han precedido, el resultado será siempre el fracaso estrepitoso.
No se avanza mediante la duda permanente como sistema, ni entregándose a una enfermiza desconfianza, sino más bien edificando sobre las certezas heredadas y añadiendo nuevas certezas.
En nada contribuyen al progreso de la humanidad los sofistas de todos los tiempos.
Los resultados de la arrogancia intelectual están bien a la vista y podemos comprobarlos amargamente en el nihilismo, en el materialismo, en la pérdida de todo sentido y dimensión transcendente del ser humano, en la aparente imposibilidad para encontrar un sentido coherente a la historia de la humanidad y a la propia existencia; en la violencia de los sistemas totalitarios no sólo políticos, sino también de pensamiento único que se esconden bajo apariencias democráticas y de falsa libertad.
Quizás nunca la humanidad ha pagado un precio tan alto por las estafas filosóficas como el que están pagando la modernidad y la posmodernidad.
La dictadura del pensamiento único ha declarado la guerra a la misma razón humana. La verdad no existe por sí misma, sino que se "crea" y se "inventa". No existe una verdad "objetiva", sino trozos de verdades, y hasta verdades contrapuestas y contradictorias, pero que se califican todas de "verdad".
Se niega con cinismo cualquier posibilidad de que la razón humana pueda alcanzar la verdad. Ya la verdad no es más la adecuación del pensamiento humano con la realidad y el ser de las cosas. Ya no se permite a la razón ir más allá de aquello que se puede contar, pesar y medir. Se acaba por negar la validez del conocimiento especulativo para aceptar como único dogma el conocimiento de la ciencia experimental, amputando de este modo las posibilidades y el alcance de la razón y del conocimiento humano.
La degeneración del pensamiento humano y la dictadura del relativismo y del pensamiento único y uniforme ha llegado a la desfachatez de la persecución implacable contra el derecho a sostener racionalmente una concepción creacional del universo y del ser humano.
Sin ceder al fatalismo podemos afirmar que nos encontramos ante la más cruel, cínica e irracional dictadura de pensamiento jamás sufrida por la humanidad. La sana filosofía sobrevive permanentemente asediada y atormentada bajo las botas de las ideologías imperantes.
No faltan quienes para consolarse afirman que el tiempo de las ideologías se ha terminado. Es mera apariencia, pues aún concediendo que las masas hayan abandonado la militancia en las ideologías, sin embargo aquellos que las manejan y conducen lo hacen desde una clara y radical militancia ideológica.La búsqueda del poder y del dinero pueden constituirse de facto en las más perniciosas de todas las ideologías.
Conocerse a sí mismo es propósito inalcanzable cuando se rehuye la pregunta sobre los propios orígenes. Y planteamiento de solución imposible cuando se parte del error mismo sobre el propio origen.
Partir "a priori" de la nada, de la casualidad o del sin sentido es entregarse de lleno en manos del más terrible fatalismo y cercenar las inmensas posibilidades de la razón y del espíritu humano.
¿Podemos confiar en el alcance de la razón humana para hallar una respuesta sobre nuestro origen, sabedores y conscientes de que en ello va el verdadero conocimiento sobre nosotros mismos y sobre el sentido de nuestra propia existencia? ¿Podemos fiarnos de la sabiduría natural que ha guiado los pasos de la humanidad iluminando el camino de las generaciones que nos han precedido desde la noche de los tiempos?
Hago mías las palabras de Pablo de Tarso: " En efecto, lo cognoscible de Dios es manifiesto entre ellos -refiriéndose a los gentiles-, pues Dios se lo manifestó; porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras. De manera que son inexcusables, por cuanto, conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se entontecieron en sus razonamientos, viniendo a obscurecerse su insensato corazón; y alardeando de sabios, se hicieron necios, y trocaron la gloria del Dios incorruptible por la semejanza de la imagen del hombre corruptible y de aves, cuadrúpedos y reptiles".
Mi querido Samuel, es contemplando las obras de Dios, la creación, las creaturas y a nosotros mismos que podemos encontrar la respuesta sobre nuestro origen y a partir de ahí, y sólo a partir de ahí, comenzar a conocernos a nosotros mismos y hallar la respuesta sobre el  sentido de nuestra vida y sobre el alcance verdadero de nuestra existencia.
¡Ojalá estemos firmemente persuadidos de este único camino que nos libra de la insensatez y de la necedad imperantes!
Cor unum et ánima una.
Jonatán

domingo, 6 de octubre de 2013

VIVIR Y MORIR DE AMOR



Querido Samuel:
Resulta consolador y gozoso el comprobar como las palabras que pronunciamos o escribimos, cuando abrimos el corazón al amigo verdadero, no se pierden en el olvido.
Una persona amiga me ha enviado estas letras que yo mismo dirigí a un grupito de amigos hace más de trece años. Yo no lo recordaba, pero la persona amiga sí. El mero hecho de conservarlas me manifiesta la verdad y la profundidad de su amistad, pues la palabra del amigo no puede ser hoja marchita que se lleva el viento.
Quizás hoy hubiese matizado algunas cosas, añadido otras. Quizás habría subrayado más determinados aspectos. Sin embargo, prefiero dejarlo así, tal y como brotaron del corazón y fueron escritas a vuelapluma.
Hoy deseo compartirlas contigo para que te asomes un poco más al interior de mi alma:
"Si bien esta vida terrena está llena de amarguras y de dolor, de sufrimientos y de penas, sin embargo la meta última a la que estamos llamados es la felicidad plena y desbordante.
¡Cómo se agarra nuestro corazón a esos momentos velozmente pasajeros de felicidad y dicha!
Porque venimos de Dios y Dios nos llama hacia Sí. Venimos de la Felicidad misma que es Dios y somos atraídos a la Felicidad Suma, como no hay otra, que es el mismo Dios.
Yo quiero dar gracias al Señor, cantar a Dios, porque sembró en mi corazón la apertura a la dicha, a lo bello, a la felicidad que proporciona lo cotidiano. Tanto porque es obra suya como porque nos remite a Él.
Ante la belleza de las cosas diarias el corazón se esponja y siente más deseos de Dios, se anega en añoranzas de este Dios nuestro que es todo Amor y Belleza y Misericordia.
Quien ama sólo puede desear el bien del amado. Y Dios nos ama. Nos ama tanto que no cesa de agasajarnos con su Amor infinito. Y derrama tanto amor en nosotros que desea que lo transmitamos, quiere que desborde su Amor en nosotros hasta el punto de que llegue a transformar cuanto y a cuantos se cruzan en nuestro caminar.
El amor  cuando es de Dios sale hacia afuera y quisiera transformarlo todo, transfigurarlo todo, llenarlo todo de luz y de belleza. Desearía salpicarlo todo de ese destello radiante que no es otra cosa que la luz del mismo Dios.
El amor es felicidad inmensa. Hace eterno cada segundo y penetra el corazón de las creaturas y de las personas. A su luz la belleza y la bondad de las criaturas se realzan sobremanera, hasta el punto de poder ver a Dios en todas las cosas, mejor a ver la mano de Dios en todas las cosas.
 Pero el amor es sufrimiento y a menudo dolor profundo y despiadado. Lo es cuando no se ve correspondido, cuando es minusvalorado, cuando es menospreciado.
No hay mayor sufrimiento para el que ama que encontrar la frialdad -real o aparente- ante el amor ofrecido. La frialdad real es como una espada que atraviesa el corazón del amor; la frialdad aparente sólo aporta incertidumbre y desconfianza. La frialdad descorazona, rompe el corazón, lo abate y lo hiere. Comienza así el martirio del que ama. Por el contrario el amor es comunicación, es gozo, es un deseo de ahondar más y más en la esencia y en la fuente del mismo amor. El amor trae alegría y serenidad, aliento frente a la dificultad, ánimo en cada batalla, esperanza en cada noche, fortaleza en medio de la debilidad.
Pero cabe una pregunta, ¿se puede acabar el amor? ¿Podría la frialdad llegar a matar el amor?
"El amor no pasa nunca", no muere nunca. Pero el que ama, sí puede morir de amor, y también a causa del desamor.
El que ama busca la felicidad del otro. El amor que es ágape desearía que los otros compartiesen la mesa del amor, la dulce luz que brota de toda belleza, el calor de la conversación amiga y serena, la dulzura de la paz, la llama de la felicidad. Y ahí comienza la tortura y la propia muerte. Es una muerte de asfixia, muerte lenta, dolorosa y terrible muerte, cuando el que por amor abre la mesa y sirve  se encuentra sin comensales. Sobreviene la muerte cuando ante la luz de la belleza los rostros no se dulcifican, cuando el calor de las conversaciones es congelado por la frialdad de las palabras y de los gestos del amigo. Sobreviene la muerte cuando la paz serena y dulce es martirizada por la violencia interior y exterior que torna duras las palabras, agrios los sentimientos y rígidos los rostros. Sobreviene la muerte cuando la felicidad no se acoge ni se contagia, no se disfruta ni se regala en la plena y gozosa gratuidad de los gestos más sencillos y cotidianos. Entonces y sólo entonces concedamos al que ama que se retire a morir. A morir no de odio, sino precisamente de amor. Lo hemos herido de muerte por haber matado el amor. Y será mejor que se retire a morir el solo de amor, que por vivir, vivir sin amor y morir de odio.
El amor tiene un fruto dulce, sabroso y jugoso que se llama hermandad, fraternidad. No es fruto abundante, porque tampoco es árbol común. Árbol delicado, fruto exquisito este del que te hablo.
Comenzaba dando gracias a Dios por la siembra en mi corazón, siempre abierto a la belleza y al gozo, a la luz y a la bondad. No porque posea yo esto, sino porque de Él he recibido siempre el saber apreciarlo y gustarlo cuando me es dado. Y me sabe a gloria.
Me gustan el mar y las flores, los niños y las puestas de sol. Me enamora la luna y me arrebatan las fragancias suaves.Me encanta el olor a tierra mojada. Me asombran los logros que los hombres y mujeres han alcanzado en la larga historia de la humanidad.
Los cantos alegres de las gentes llenan de música mi corazón. Me saltan las lágrimas ante las muestras de fe y de piedad de las gentes. Me enloquece la gente alegre y que le brillan los ojos por su candor y sencillez. Toco el cielo ante la presencia de un sacerdote o de un consagrado que reflejan el gozo de su entrega a Dios.
Me roban el corazón los jóvenes y los ancianos que respiran fe y esperanza. Y me gusta hablar, abrir el corazón y escuchar. ¡Me encanta escuchar a quien me regala su palabra y su mirada de bondad!
Y sueño, sueño mucho, tengo muchísimos sueños en los que desearía ser todo de Cristo y que todos lo fuesen de Él. Sueño con una conquista de almas y del mundo para Jesús y para María. Sueño con que un día todos seamos y nos sintamos hijos de este Dios tan maravilloso y hermanos entre nosotros. Sueño, siempre sueño.......todos los días y a cada minuto......
Y tantas, tantísimas otras cosas bellas y hermosas...
Sin todo ello no se vivir, no quiero vivir.
Prefiero morir de amor.
Y pido perdón si no se soportar lo contrario porque me ahoga, me mata.
Pido perdón porque desearía que todos gozasen y vibrasen.....
Pido perdón porque no todos pueden quizás o no saben manifestar lo mismo.
Pido perdón por no saber amar a la manera de cada uno.
Mi silencio, mi apartamiento es sólo una bocanada para poder respirar.

Me siento morir por dentro y quisiera aún vivir, pero sólo para encontrar a otros que quieran amar".
Mi querido amigo Samuel: Cor unum et ánima una
Jonatán

viernes, 14 de junio de 2013

EL VICIO SUPREMO


Querido Samuel:
¿Recuerdas que dice Oscar Wilde que el  vicio supremo es la superficialidad? ¿Y que este vicio es el vicio dominante de nuestra sociedad?
Oh sí, la superficialidad a menudo se reviste de trapos de bajo coste que dan el pego. Se maquilla para desfigurar la expresión de su rostro atolondrado. Se pinta la cara pero nunca mejora su aspecto. Se blanquea los dientes para tratar de deslumbrar y desviar la atención de quien tiene enfrente. La superficialidad se engola pronunciando dichos, palabras y eslóganes que han paseado por sus oídos, pero jamás se han detenido en su inteligencia.
La superficialidad se viste como una reina, pero sus vestidos no dejan de ser género de mercadillo que se compra a precio tirado en los últimos restos del puesto de saldo. Se presenta enjoyada, pero sus alhajas son de poco valor y mucha apariencia. Sus brillos son mera fantasía y oropel.
La superficialidad es la filosofía de moda cuyo aprendizaje da comienzo en las edades más tempranas. Se cursa, sin necesidad de pagar matrícula, a lo largo de los años sin interrupción. Es materia fija en todos y cada uno de los cursos de cero a cien años. Tiene la ventaja de que para su aprendizaje se puede prescindir de libros, sobre todo de los buenos, clásicos y abultados.
Es materia que se va asimilando de manera muy pedagógica y se imparte utilizando los más modernos medios tecnológicos, siempre a disposición de las masas deseosas de doctorarse en la disciplina de moda y adquirir el mayor de los vicios, hoy transformado en virtud para todas las capas sociales.
Es la expresión de una nueva religión que se presenta revestida de un nuevo carácter sagrado, con su Olimpo de ídolos, con su dogmático credo laico, con sus ritos despojados de todo misterio y a la par más difíciles de descifrar que los egipcios jeroglíficos.
La superficialidad es el vicio más apetecible del momento. Se ha transformado en el primer mandamiento, en la primera de las virtudes, en la reina de la colmena y en la divinidad del nuevo santuario. Es el nuevo becerro de oro.
Tiene su multitud inmensa de fieles que cada año peregrinan a ninguna parte y que como buenos prosélitos, igual que antaño durante las Veneralias para honrar a Venus Verticordia y a Fortuna Viril, beben el cocetum hecho con adormidera triturada disuelta en leche y endulzada con miel, que supuestamente, era la misma bebida tomada por Venus el día de su boda con Vulcano.
La adormidera disuelta en leche y endulzada con miel es, querido Samuel, indispensable para que este vicio produzca sus efectos de vértigo placentero.
Los entregados a este vicio tan de moda pasan por el agua sin mojarse, atraviesan el fuego sin quemarse, banquetean sin saborear el alimento, ven sin mirar, hablan sin pensar y piensan sin pensar, es decir, no piensan.
Es este un vicio que idiotiza la mente y enfría el corazón. Es una magnífica máquina que produce miles de imbéciles por segundo. Máquina perfectísima que logra que un imbécil no se pueda distinguir de los otros dos mil novecientos noventa y nueve ni por el más mínimo detalle. Es como si fuesen un sólo imbécil repetido en millares de clones.
La máquina lo hace todo. El imbécil no tiene que hacer nada.
La superficialidad engancha, querido Samuel. Cuanto más se practica más difícil es resistir a su atracción. Uno se envicia en ella como el borracho en el vino, como el dependiente en la droga, como el ladrón en el hurto. 
Embriaguez, intoxicación y robo suenan a vicio fuerte, pero no es tan fuerte como la superficialidad, y es que este vicio supremo se ha hecho un hueco en sociedad y cuenta con el aplauso y la aprobación general. Los otros vicios han quedado "demodé", pero este tiene certificado de posmodernidad que es como el pedigrí del no va más.
No sería bueno, mi querido amigo, que pretendiésemos abordar la cuestión de nuestra propia identidad sin espantar el fantasma que ronda, la superficialidad.
Con todo afecto de tu amigo
Jonatán